domingo, 3 de agosto de 2014

Un nuevo modelo docente de máster



Imagen de www.mundanuscoaching.co.uk














¿Cuál debería ser el modelo docente para un máster de hoy? A lo largo de los últimos meses, el equipo de dirección académica del máster de Marketing Directo y Digital de la UPF-Barcelona School of Management hemos estado trabajando en dar respuesta a esta pregunta.

El reto que hemos asumido es poner en marcha un nuevo modelo docente para la próxima edición de nuestro programa, que iniciaremos el 23 de setiembre. Tenemos, pues, deberes para las vacaciones. De todas formas, la arquitectura de la propuesta a formular ya está decidida. Aquí van sus líneas maestras.

Concebir el máster como servicio

Creo firmemente que la formación de postgrado es un instrumento, no un fin: una herramienta al servicio de los objetivos de progreso profesional de las personas. En consecuencia, un máster debería concebirse como un "servicio", no como un "producto". En otras palabras, todo debería empezar con la pregunta "y tú, ¿qué necesitas?" en lugar de con la afirmación "esto es lo que hay".

El reto aquí es diseñar el máster -contenidos y metodología docente- alrededor de un proyecto que el participante sienta como propio, no impuesto desde la dirección académica: qué conocimientos -y con qué profundidad- requiere el participante para llevarlo a cabo; qué competencias necesita desarrollar para su crecimiento profesional y personal; y qué director de proyecto -tutor o mentor- es el más adecuado para su acompañamiento.

Diseñar las sesiones lectivas como eventos

"¿Para qué tengo que ir a clase si puedo leerme lo que se explicará en mi tableta... cuándo y dónde quiera?". Este es el pensamiento imperante en nuestros participantes de hoy día. Y lo bueno del caso es que tienen razón. En efecto, creo que la única justificación para estar presente en el aula, en una fecha y hora determinadas es que "allí va a pasar algo y, si no voy, me lo perderé".

En este sentido, otra vez la aplicación de conceptos de Marketing puede ayudarnos a encontrar una alternativa útil. Se trata de concebir las sesiones lectivas presenciales como si fueran un evento. Y en publicidad, sabemos que para sacar el máximo jugo a un evento, debemos planificar el antes, el durante y el después. Estoy convencido que la presencialidad quedaría plenamente justificada si diseñáramos las sesiones como "eventos", no como "clases".

Reinterpretar al docente como facilitador

En un post anterior ("El profesor-coach"), ya expresé mi opinión al respecto de cuál pienso que debe ser el rol del docente en la actualidad. Mi compañero del equipo de dirección académica, Albert G. Pujadas (@qtorb), me hizo llegar un post del blog de Raúl García González (@conektio) en el que se describían las cuatro cualidades del nuevo profesor: "Los nuevos roles del profesor: hacker, DJ, coach y community manager".

Un artículo francamente inspirador -y retador- para quienes amamos la docencia. A la vista de estos cuatro roles, se me ocurren otros tantos valores sobre los que sustentar dichos nuevos roles:

  • el afán de superación, para seguir aprendiendo continuamente y desaprender lo inútil aprendido
  • la creatividad, para conectar conceptos e ideas que, presentados unidos, aporten algo nuevo
  • la humildad, para escuchar antes de hablar y poder reconocer los conocimientos del otro
  • la co-operación, para que entre en juego la inteligencia colectiva del grupo en el aprendizaje

En definitiva, poner al participante en el centro

Desde siempre, la principal ocupación de la dirección académica ha sido la elaboración del programa académico y la formación del claustro docente. Una vez hecho esto, el curso estaba a punto para ser iniciado. A pesar de que cada participante viene con un bagaje diferente de conocimientos, experiencias e intereses, el programa es el mismo para todos.

El gran reto para nosotros es, pues, pasar de un enfoque "producto" a un enfoque "cliente". O sea, aplicarnos lo que predicamos en nuestras clases de Marketing. En consecuencia, el camino a recorrer será el de la personalización de los contenidos, teniendo como punto de partida lo que el participante ya sabe y poniendo el foco en los conocimientos que necesita incorporar según sus intereses y aspiraciones profesionales. Pero eso, será en la fase dos de nuestro nuevo modelo docente.

En pocas palabras, como en la moda, debemos pasar de la "confección" a la "sastrería a medida". Una vez más, la evolución pasará, curiosamente, por recuperar las cosas buenas del pasado.

1 comentario:

  1. El saludo habitual de algunos profesores es decir "...quisiera preguntarles sus nombres y ¿a qué se dedican?" esto podría ser el inicio de una docencia centrada en el cliente y los estudiantes esperan que así podría ocurrir si un profesor inicia sus clases de ese modo, pero hoy me doy cuenta que si un profesor me pregunta eso, está claramente haciendo su tarea TARDE o es solo un cliché para rellenar el tiempo y lograr algún grado de empatía con su nuevo público, al cual no conoce y ni se ha tomado el mínimo de los tiempos para investigar sobre ellos en las bases de datos de la universidad o incluso en Internet donde podemos encontrar información más rica que la que nos proveería el servicio del registro civil.

    Muchos de los estudiantes de hoy, antes de iniciar una nueva cátedra, buscan en Internet cualquier información sobre el nuevo profesor, su visión, sus publicaciones, su currículo, hasta sus actividades extra programáticas. Y los profesores de posgrado ¿por qué no hacen lo mismo? Creo que se pierden la tremenda oportunidad de saber de antemano los temas que rodean a sus estudiantes, por que son eso, estudiantes y no alumnos, pues la palabra alumno viene del latín "a lumen" que quiere decir "sin luz", y esta persona opaca, asiste a una cátedra a recibir la luz del conocimiento, y si un docente cree que esto es así, pues me parece que estamos frente a uno ciego.

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